viernes, 11 de diciembre de 2009

Filosofando

Cierto día, un adolescente se encontraba sentado en la banca de un parque. Entre sus manos sostenía un cráneo humano mientras observaba a un muchacho casi de su misma edad, que sentado a la sombra de un árbol escribía algún articulo, carta o algo parecido. Después de pensarlo un buen rato, por fin decidió acercársele para invitarlo a jugar.

—Que tal, soy Emil Cioran. ¿Cómo te llamas tú?

—Hola, me llamo Albert Camus.

—¿Eres extranjero? —preguntó inmediatamente Cioran.

—Así es, soy de nacionalidad francesa —contestó Camus.

—¿Juegas fútbol? —volvió a inquirir Cioran.

—¿Con el cráneo?, ¿no es demasiado fúnebre jugar con eso? —repuso Camus—. El fútbol, es todo lo contrario. Es alegría, júbilo y entusiasmo, es simplemente poesía colectiva.

—¡Lo único fúnebre de esta situación somos nosotros y aquel anciano que yace inerte en aquella banca! —comentó Cioran.

—Eres un pesimista —murmuró Camus con fastidio.

—Y tú absurdo —replicó Cioran irritado y con ironía—. Mejor invitaré a jugar al senil hombre.

—Déjalo en paz —dijo Camus con aplomo.

—¿Lo conoces? —cuestionó intrigado Cioran.

—Se llama Friedrich, es un filósofo alemán y está muerto —aclaró Camus—. Lo que ves es sólo su alma perpetua que no alcanzó ni alcanzará el eterno descanso. Por la aparente osadía de creer ser un superhombre e intentar asesinar a Dios.

—Mejor me voy, eres demasiado incongruente —recalcó Cioran

—Y tu demasiado incrédulo, adiós —se despidió Camus muy molesto poniendo fin a la conversación.

sábado, 21 de noviembre de 2009


Vísperas de 2012

A la entrada del paraíso, junto a un enorme y polvoriento portal. El apóstol Pedro discutía con el primer hombre sobre la faz de la tierra.

–¿Adónde cree que va, padre Adán? –le dijo Pedro con voz firme–. Sabe bien que no puede entrar aquí.

–Quiero hablar con el creador –contestó Adán–. Ya me cansé de ser un errante y ansió regresar a la gran Mesopotamia.

–Eso no puede ser –replicó Pedro–. Hace cerca de dos mil años que se fue y nadie sabe nada de él. Ahora está al mando del reino un clon suyo llamado Jesús.

–Pues entonces hazme pasar con el tal Jesús –le dijo Adán con arrogancia.

Respondió molesto Pedro. –Tampoco puede ser posible. Está ocupado preparándose para el juicio final. Es hora de juzgar a vivos y muertos. A todos aquellos que desobedecieron las divinas leyes los llevarán a una región etérica, donde serán consumidos por el eterno fuego de la justicia. Y usted, estimado progenitor, está en esa lista –concluyó el apóstol.

martes, 27 de octubre de 2009

Acontecimientos inusuales

Cada mañana, al levantarme, se repetía el mismo suceso. Un libro aparecía fuera de su lugar en mi pequeña biblioteca personal: “La metamorfosis” de Franz Kafka. Me lo cuestione en muchas ocasiones, ¿quién lo movía por la noche? Pero con el tiempo llegué a verlo como algo normal y rutinario.

Y así fue durante algunos meses. Hasta que un día el ejemplar apareció tirado en el piso. Cuando me acerqué a recogerlo observé atónito que una especie de coleóptero se escondía debajo del librero. Sentir que me miraba fijamente fue patético. Aunque más patética fue mi locura al pensar que se trataba del joven Gregorio Samsa.

Por muchos días le proveí de alimento y agua antes de irme a trabajar. Cuando regresaba a casa, el enorme escarabajo se asomaba, me miraba con agradecimiento y se volvía a ocultar. Pero una noche, al llegar de mi jornada laboral, no se asomó. Lo busqué por todos lados sin encontrarlo. Había desaparecido, al igual que la obra de Kafka.

Traté de ser realista y razonable. Pensé que se trataba de un caso de psiquiatría. Pero al siguiente día, al salir de mi hogar, se me acercó un joven de aspecto raro. Me regreso mi libro, agradeció mi tolerancia y relativismo. Luego comenzó alejarse agitando, para despedirse, uno de sus cuatro brazos.

viernes, 2 de octubre de 2009

La danza
Cansado de convivir con este mundo extraño, acelerado, intolerante y lleno de tensión. Donde todos juzgan y critican sin mirar el espejo de la autocritica. Decidí moverme a mi ritmo y a mi tiempo de tal manera que mande todas mis preocupaciones y ocupaciones a la porra. Me recosté a la sombra de un árbol y me relajé bajo el embrujo de unas delgadas hojas metálicas a tal grado que me quede dormido.

Desperté desnudo, mi cuerpo estaba entumecido por el frio. Abrí los ojos en medio de una densa oscuridad, sentí que alguien me miraba desde algún lado. Mi mente inquieta comenzó a recordarme miedos de mi infancia. De repente sentí que alguien se acercaba a mí, un escalofrió recorrió mi espalda. Mis piernas comenzaron a moverse, una sensación de que me seguían y que pronto me darían alcance me produjo un terror indescifrable. Corrí de manera vertiginosa para alejarme de ahí hasta que estuve demasiado agotado, cansado hasta la extenuación que me deje caer sobre el piso. Después de luchar infructuosamente contra la inconsciencia, me llevo preso a un mundo de somnolencia.

Cuando desperté de nuevo estaba recostado pero ahora sobre un liquido viscoso y demasiado pegajoso. Noté un amargo sabor en mi garganta, seguida de una extraña ligereza en mi cuerpo. Quise incorporarme: mis piernas y en general ninguna parte de mi cuerpo me respondía.

Una suave luz apareció de la nada, pronto se expandió de tal manera que cubrió todo el velo negro que antes me arropaba. De entre ese esplendor aparecieron bailando unas siluetas esqueléticas y deformes. De pronto una figura femenina apareció y se fue acercando a mí. Aunque no lograba visualizarla con nitidez, de alguna manera sabia de quien se trataba. Ella se detuvo, el tiempo lo hizo también. Sus labios besaron los míos y una sensación inexplicable atravieso mi alma. En seguida me retorcí de dolor, mi cuerpo comienzo a deformarse hasta alcanzar la misma forma de aquellos seres que bailaban.

Me puse de pie, ahora sin esfuerzo alguno. Me uní a su danza mortuoria, después de todo… ¿Quién juzgaría ahora mi estilo y forma de vida?, ¿Quién?

viernes, 11 de septiembre de 2009

Conspiración

Ultimas horas del sábado 16 de Nisán. Dentro de una cueva oscura envuelto en una mortaja blanca, un cuerpo mancillado y sin vida yace sobre una losa de piedra. El silencio pelea el reinado de aquel lugar con la penumbra, hasta que es mordido por unas lexías extrañas que ahuyentan el óbito de la caverna. Súbitamente el finado abre los ojos, sus sentidos salen de su mortuorio letargo. Su olfato es el primero en recibir la bienvenida al mundo terrenal por el hedor nauseabundo que habita dentro de la sabana que lo cubre de pies a cabeza.

Al quitársela de encima, una sensación aflictiva invade su cuerpo desfragmentado. Trata de ponerse de pie pero siente que se desgarran sus músculos. Gime en forma lastimosa, siente la necesidad de llorar pero de sus deshidratadas pupilas no hay lágrima alguna.

Otra vez esas voces desconcertantes en forma de chillido, en esta ocasión le erizan la piel. Quiere ubicar de donde provienen, pero no lo logra por el eco que al multiplicarlas lo confunde. Trata de calmar sus nervios, de ordenar sus ideas y de entrar en razón.

Aunque el haber estado tanto tiempo inerte ha mermado su capacidad intelectual, su cerebro poco a poco va hilvanado recuerdos; el Gólgota, la cruz, los clavos… pero son abruptamente interrumpidos por unos susurros que pronuncian un nombre. Su inquietud es mayor cuando de pronto en medio de esa densa oscuridad lo toman de la manos, su débil corazón comienza acelerase, asustado trata de zafarse, pero enseguida lo aprisionan varios brazos que lo inmunizan. Siente que alguien lo besa detrás de su nuca, lo que le hace sentir un escalofrió indescifrable. Enseguida otras manos toman sus mejillas y unos labios se postraron en los suyos.

Sus emociones se confunden aun más cuando comienzan a lamer sus heridas. Sus dolencias van menguando con el analgésico de la saliva. Sus temores desaparecen al sentir estimulación corporal. Su equilibrio emocional mejora a tal grado que ahora esta inmerso en una gran excitación. Esta apunto de alcanzar el orgasmo cuando unas carcajadas retumban por toda la caverna. Otra vez se encuentra solo, ya nadie lo besa, ni lo abrazan. Lleno de furia y aun agitado, maldice que se estén burlando de él.

De la nada aparece un círculo creado por llamas. De esa especie de luna negra rodeada de fuego sale una mujer hermosa, cautivadora y seductora. El brillo deslúmbrate lo ciega por unos segundos. Desconcertado y molesto trata de interrogar a la recién aparecida. Pero ella se anticipa a sus cuestionamientos como si le hubiese leído el pensamiento, le dice que no tiene tiempo de explicarle muchas cosas. Pero que lo ayudara a salir de ahí, ya que fueron creados por el mismo ser. Y que al igual que a el, la había abandonado y desterrado entre las ruinas del desierto.

Un leve temblor sacude la tierra dentro de la cueva y la gran piedra que cubre la entrada se mueve, dejando entrar aire fresco en aquel fétido lugar. El resucitado esta en un mayor estado de confusión, no logra asimilar lo que sucede. La bella mujer le apura para que salga de ese recinto mortuorio. Argumentando que pronto será consumida la oscuridad por la luminosidad del sol y que además la gente pronto reanudara sus actividades diarias después de su día de descanso, lo que dificultaría su huida.

Le comenta que fuera de ese recinto mortuorio se encuentra su madre y la mujer de Magdala, señalándole que esta última esta preñada. Que huya con ellas lejos de esa tierra, porque sus vidas y la de su hijo por nacer están en peligro. Aun desorientado, pero convencido de que tiene que salir de ahí, se apresura hacerlo. Se reúne con las mujeres que perturbadas lo miran, sin decirles nada las toma de la mano. Se ponen en marcha para alejarse sin saber hacia donde ir.

De inmediato un fuerte olor azufre invade aquella fétida caverna, aparece una enorme bestia alada envuelta en llamas. Le reclama molesto a la seductora mujer por haber revivido y dejado ir a aquel hombre. Con sonrisa irónica le responde a ese extraña creatura. Prepárate para reinar este mundo por toda la eternidad, nuestro padre ha cometido un fatal error al dejar el libre albedrio a los seres humanos pensando que con el sacrificio de uno de sus hijos germinaría la compasión, la piedad, la misericordia y el amor al prójimo. Por lo que ahora, con la resurrección de nuestro incauto hermano, lo único que se gestara, será la confusión, el caos, el miedo y las ansias de poder.

Unas fuertes risas sobrenaturales retumbaron en aquel lúgubre lugar, después todo quedo en calma y un nuevo amanecer surgió por el horizonte.

jueves, 16 de julio de 2009

Trauma

Un recuerdo vivo que me sigue desde niño, invade mi mente como un sueño perturbador constantemente. Ya de pequeño al igual que mis hermanos y la mayoría de mis amigos teníamos una carga pesada con que lidiar todos los días; la estricta disciplina que llegaba al maltrato físico de nuestros padres. Pero eso no era suficiente para ellos, también en el aspecto psicológico nos inyectaban todo tipo de ansiedades y temores en nuestra vulnerable e infantil psique.

Con la sublime intención de motivarnos a dormir temprano. Siempre nos asustaban, diciendo que pasaría un señor con su carreta y que si nos encontraba despiertos nos llevaría con el, quien sabe con que perfidias y lúgubres intenciones. Y en efecto, la horrible experiencia de escuchar el sonido de una carreta jalada por unos caballos y el aullar de un perro a media noche era aterradora… que aún me produce escalofríos.

Pero el trauma mayor por el que ahora sufro de constantes pesadillas, llegó en una tarde en la que se realizaba la fiesta de la pintoresca Ciudad Serdán. Pequeña población encaramada en el Estado de Puebla. Mientras los adultos se divertían inmersos en el embrujo de la música y los efectos del alcohol. Nosotros lo hacíamos bajo la vorágine de nuestros juegos infantiles. Sin darnos cuenta, los últimos rayos de sol fueron muriendo en el cielo; apagando sus resplandores luminosos y brillantes. La reina nocturna ocupo su trono cubriendo todo con un manto extraño.

De pronto el viento ceso, una espesa neblina invadió la calle. El sonido de la música quedo ahogado por el ruido chirriante de las ruedas metálicas de una carreta y el galopeo espeluznante de caballos. Por un instante toda la congregación infantil quedo petrificada. Un lúgubre y agonizante aullido, saco de su momentáneo letargo a todos, haciéndolos huir despavoridos. Yo no pude hacerlo, me encontraba paralizado. El miedo, mi miedo, hizo que mi piel se erizara y que mi corazón cayera hasta mis pies. Mi pulso comenzó a temblar como dulce de grenetina.

Observé absorto y horrorizado como el resplandor de la luna desembarazaba las tinieblas y derramaba su luz violácea sobre la neblina, de la cual aparecieron unas inquietantes siluetas espectrales.

-¡Allí está! –gritaron en coro-. ¡Es el señor de la carreta!

Mi respiración se cortó al ver que venia hacia mí. Pude distinguirlo; era un hombre esquelético de aspecto fantasmal, con una larga y desaliñada barba, un sombrero negro y ancho que no permitía ver de manera clara su rostro. La tartana tenía un aspecto fúnebre y los caballos eran unas bestias negras de aspecto terrorífico, con llameantes ojos rojos y un ruidoso tropel de sus cascos y pezuñas que hacían temblar la tierra.

Escuche una voz fría y aguda llamándome. Un extraño impulso me hizo estremecer. Una fuerza infrahumana se apodero de mí, haciéndome caminar hacia la carreta quimérica. Un aullido horrible escapado de las fauces de miedo de un cadavérico perro, anunciado una desgracia y los gritos de terror y desesperación de mis amigos; me desconcertaron aun más… de pronto sentí un fuerte golpe y todo se nublo.

Horas más tarde desperté en forma violenta en mi cama, un fuerte dolor hizo que unas lágrimas corrieran por mis mejillas. Tenía las costillas rotas y una pierna fracturada, así como diversos golpes contusos por todo el cuerpo.

Desde esa espeluznante fecha en que el señor de la carreta me quería llevar y que de milagro no lo logró. El miedo me acompaña, pensando que algún día volverá por mí. Aunque mis padres digan que preso de mis temores infantiles, fui yo, quien se cruzó lleno de pánico y de manera imprudente frente a la carreta. Y que el hombre del carruaje, era una llana, fantasiosa e ingenua leyenda que se había creado de un simple mortal que salía por las noches a trabajar hacia las minas de carbón.

lunes, 15 de junio de 2009

Moda andrógina

Con mi mente como un monitor apagado, desconectada de mi cerebro que luchaba por retomar el control de mis sentidos. Vestido con un traje abullonado de terciopelo y detalles de metal, caminaba inerte por un escenario urbano complejo lleno de grandes espectaculares iluminados con lámparas de alta definición. Mi entorno visual era un poco borroso pero alcance a observar a personas de aspecto raro que entraban y salían de un enorme establecimiento cargado partes anatómicas sobre sus hombros. En un estado de total confusión, sin saber que hacer o hacia donde dirigirme seguí deambulando entre las luminosas calles.

Una molestia en la parte baja de mi espalda que se extendió hasta el abdomen me hizo detener y gemir de dolor. Llevé mis manos a esa zona y sentí una ligera protuberancia lineal que rodeaba toda mi cintura. Miré intrigado; era una apenas perceptible cicatriz de cirugía. Un escalofrió de temor recorrió mi cuerpo lentamente. Me senté en una pequeña banca tratando de poner en orden mi caos mental. Me sentía aterrado, la espantosa incertidumbre que vivía en esos momentos me mataba.

De pronto, sentí unas inmensas ganas de orinar. Así que busqué hasta que encontré un callejón sin mucho transito. Me aseguré que nadie estuviera viendo y bajé el cierre de mi pantalón. Cuando iba aligerar mi carga… no tenía con que desaguar.

Mi aspecto viril se perdía de la cintura a los pies. Sentí ganas de gritar, ganas de correr, pero me tranquilice. Volví a mirar que nadie estuviera curioseando, con dificultad y un poco de dolor me puse en cuclillas, mi vejiga se vacio completamente. Busqué entre mis bolsas con que asearme. Lo único que encontré fue una factura de Transformaciones para la red, S.C. a nombre del Sr. Hugo Nébula. En la cual se desglosaba el pago de un trasplante de órganos femeninos, tejidos anatómicos de la parte inferior del cuerpo y la instalación de un circuito integrado para modificar la psique. Comencé a sentir vértigo y síntomas de vomito que afortunadamente pude controlar.

Con nerviosismo y en estado de mayor perplejidad, salí de aquella callejuela. De inmediato fui interceptado por dos fuertes mujeres utilizando vestimenta masculina, las mire asustado. Me inyectaron algún sedante por que empecé a sentir unas enormes ganas de dormir. Pero alcance a escuchar que una de ellas me decía: No se preocupe, Sr. Hugo, se nos olvido instalar el chip que le activará su nueva personalidad. Ahora si, cumplirá su sueño de ser verdadero andrógino en el ciberespacio.

domingo, 7 de junio de 2009

Incertidumbre

Tarde parda y fría de invierno. Bajo una ligera llovizna aguardaba impaciente el autobús para regresar a casa después de una extenuante jornada laboral. Viaje de casi todos los días de la semana que se había vuelto tan rutinario, tan tedioso, tan monótono. La larga espera me hizo entrar en una tormenta de meditaciones y pensamientos que se diluyeron sobresaltados por un ruidoso y horrible ronroneo; Provenía del camión que se aproximaba. Hice la señal de parada y segundos después lo abordaba. Recorrí el pasillo hasta la parte trasera y me senté pegado a la ventana; me gustaba siempre esa parte por ser la más solitaria, la menos cubierta de gente. Ya más tranquilo, comencé a hojear el periódico; de inmediato me llamó la atención una nota donde sobresalía la noticia acerca de la misteriosa desaparición de varias personas sin que hasta ese momento se conocieran las causas o el motivo de dichos acontecimientos, pero pronto perdí el interés y tomé mi libro: “La metamorfosis”, de Franz Kafka; me desparrame un poco sobre el asiento y comencé a leer. En ese momento el autobús frenó de forma súbita; el libro estuvo a punto de salir de mis manos, y mi cabeza de estrellarse contra el asiento de enfrente. Maldiciendo me reacomodé; fue entonces cuando llamó mi atención la persona que acababa de ascender: una persona de aspecto extraño que vestía con una vieja gabardina negra, aunque más extraño fue que habiendo demasiados asientos desocupados se fuera a sentar a mi lado. Intrigado, desconcertado, observé disimuladamente queriendo ver su rostro, el cual cubría casi en su totalidad con un embozo y una gorra. Deduje por sus facciones finas y enormes pestañas que hacían resaltar los enormes ojos negros que se trataba de una mujer… Volteo al sentir que la miraba de reojo; entonces sacó un libro y una pluma de su bolso, escribió algo en una de sus páginas y lo cerró. Enseguida se puso en pie. Atónito y aterrado observe como mientras con su mano izquierda dejaba el libro en el asiento y con la mano derecha sujetaba su bolso, otra cubierta con finos bellos salía de entre su gabardina para sostenerse en el pasamanos. Después de esto, y como si nada sucediera se acercó a la puerta, tocó el timbre y descendió sin voltear a verme, perdiéndose en la distancia conforme el vehículo recobraba la marcha.

No sé cuanto tiempo transcurrió mi asombro. Pero cuando logré estabilizarme y dejé de meditar sobre lo sucedido ya me encontraba sentado en la sala de mi casa sosteniendo entre mis manos el libro que había dejado aquella extraña mujer… ¡Vaya!... ¡Era el mismo autor y el mismo titulo que yo estaba leyendo! Lo abrí con un poco de ansiedad; en la primera página estaba escrito lo que parecía una dirección. Conocía por donde quedaba el lugar y no siendo muy tarde, después de pensarlo un poco decidí ir a curiosear….

Luego de haberme internado por los lugares más sombríos y oscuros de la ciudad, llegue a la calle buscada; ésta era estrecha y lucia muy sucia. Con pasos nerviosos llegué hasta el número que señalaba la dirección; se trataba de una casa grande de dos pisos que parecía abandonada, con un amplio jardín de maleza muerta… Con un sentimiento de inquietud estuve merodeando por el derredor un largo rato sin que ocurriera nada, sin que mi sentido común me dijera que debía hacer… Cuando finalmente disponía a retirarme, algo llamó mi atención: a través de los cristales polvorientos de una ventana un rostro se asomaba y me hacia movimientos con su mano, como saludándome.

Estuve a punto de salir corriendo; sin embargo me quede allí, y al cabo de unos instantes se abrió la puerta de aquella vieja casa. La mujer del autobús salió, fue hacía mi y estiró su mano invitándome a pasar… Sin saber por qué, quizás por mis sentidos trastornados en aquel momento, le correspondí, y en unos instantes me hallaba dentro de una casa vacía, sin vida, sin comodidades. Me condujo hasta lo que parecía ser el sótano. A la entrada colgaba un letrero que me llamo la atención: “Bienvenido al club de los existencialistas”. Me hizo señas para descender por las escaleras; se respiraba un tufo a vaho muy desagradable… Ya en la oscura bóveda mire con incertidumbre que varias personas estaban recostadas en el piso. Sentí un amable empujón para que me acercara. A continuación, lo que vi me lleno de terror: enormes cucarachas y escarabajos devoraban lo que parecía ser un cadáver humano. Mi horror fue mayor cuando una enorme cucaracha se levantó y me ofreció un pedazo de carne putrefacta. Aterrado empujé a mi anfitriona y corrí hacia las escaleras en busca de la salida. Escuché gritos detrás de mí que decían: “no huyas, tarde o temprano serás como nosotros”. A pesar de mi alterada condición logré escapar de aquel inmundo lugar. Seguí corriendo hasta que el cansancio me tumbó. Incorporándome, medité sobre lo ocurrido mientras regresaba andando a mi hogar.

Cuando llegue ya era casi media noche. Reforcé las puertas y ventanas por temor a que me invadieran esas horribles alimañas. Aún asustado, intrigado, me bañé para quitarme de encima el nauseabundo olor que traía impregnado en mi ropa. Me fui a acostar, pero las horas pasaban sin poder dormir. Mi mente era un mar de confusiones, tratando de encontrar una lógica a todo esto. Hasta que por fin, agotado me venció el sueño. No sé cuanto tiempo transcurrió. Cuando desperté me quise incorporar, pero me costó trabajo. Con terror descubrí que mientras dormía fui mutando en una especie de bicho salido de la negrura cloacal. Espasmos de dolor y angustia me invadieron; lloré, grité desesperado maldiciendo haber acudido aquel lugar imposible. Pensé que me habían contagiado una enfermedad o virus que estaba provocando alguna anomalía genética en mí. Cuando por fin logré ponerme en pie, de inmediato fui a verme en un espejo. Con espanto vi en frente de mí a una zarrapastrosa cucaracha. Cerré los ojos para calmar mi angustia y repetí con voz lánguida: “No es sino un delirio producto del sobresalto mental que sufrí anoche”… En eso estaba cuando el sonido del timbre de mi puerta me sobresaltó. Por la mirilla observé que era otra vez esa mujer y estaba acompañada de otro bicho humano. Dudé en abrir. Cuando lo hice ya no se encontraban, pero me habían dejado una nota: “EL EXISTENCIALIMO ABRUMA AL HOMBRE CON UNA PESADA CARGA DE RESPONSABILIDAD, PERO TAMBIÉN LE MUESTRA UN CAMINO INDIVUDIAL DE HACERSE A SI MISMO, A PESAR DE LO DADO Y DE TODA CIRCUNSTANCIA”. El apunte estaba firmado con las iníciales: GS.

Intrigado medité sobre el mensaje y mi transformación. Me di cuenta que me encontraba en un mundo incomprensible e indiferente, que ya no podía quedarme en mi casa para entender el por qué de mi existencia.

Ya relajado y aceptando lo sucedido, sentí hambre. Me dirigí al refrigerador; corté y tomé un trozo de carne, estaba jugoso y fresco. Lo mordí con un poco de duda y nausea, pero en cuanto comencé a masticarla encontré que era agradable a mi paladar. Lamí las gotas de sangre que resbalaban por mis dedos. El placer fue indescriptible, tan exquisito que terminé con toda la carne que había.

Después de saciar mi apetito, fui al closet. Ahí colgaba mi gabardina y un raído sombrero de fieltro. Me los puse, además de una bufanda para cubrir mi cambiado rostro. Tomé los libros que estaban en la sala y el cuchillo que acababa de utilizar para cortar la carne, los guardé entre las bolsas de la gabardina y salí de aquel lugar que había sido mi morada por mucho tiempo, para no regresar jamás…

miércoles, 27 de mayo de 2009


La navaja

Sin saber por cuanto tiempo, montado en una maquina de cuatro cilindros, completamente deprimido, alcoholizado y drogado; recorrí la ciudad sin rumbo definido… con mis sentidos totalmente ateridos.

A falta de combustible, el carcacho se detuvo en una calle maloliente, poblada de miseria. Malhumorado lo abandoné; entre la pestilente mierda de aquel lugar empecé a deambular. Perros famélicos y ratas amorfas me miraban lastimosamente merodear su desahuciado y muerto territorio…

Un repentino silencio sepulcral y una espesa neblina invadieron la atmósfera de aquella rúa. Una hija de Eva de pronto apareció de entre la bruma; parada en la contra esquina. Rápido y sin pensarlo me acerqué. La tomé desprevenida; envolví mis manos sobre su rostro frío y la bese desesperado. Ella, sin sorprenderse (como si ya esperase eso), me miro con ojos lúgubres y caídos. Me tomó presurosa mi mano… y sin acordar condiciones ni precio me llevó a un cuarto barato de hotel. La habitación estaba iluminada por una tenue luz que se filtraba por la ventana; la cual me permitió ver una cama poco confortable y en general un mobiliario profuso, antiguo y ajado. Sin tapujos empezó a desnudarse y pude mirar con un poco de intriga que en las muñecas de sus pálidas y huesudas manos tenía unas profundas heridas. Cuando termino de despojarse de su ropa; un traje negro que lucía sepulcral, pude apreciar su cadavérico y ya putrefacto cuerpo. Por primera vez observaba algo sobrenatural. Mi corazón aterrorizado comenzó a palpitar rápidamente mientras que mis demás músculos permanecían petrificados, poseídos por un pánico imposible, ¡un pánico del infierno! …

…Se recostó poco a poco sobre la raída cama, abrió sus piernas y un fétido olor manado del centro mismo de la creación golpeó mi olfato. La nausea y las ganas de vomitar me hicieron reaccionar. Salí corriendo a toda prisa horrorizado, temblando, con lágrimas en los ojos… Corrí quién sabe por cuanto tiempo; cuando me di cuenta, estaba frente a mi viejo vocho; me recargué sobre el mientras recobraba el aliento... El susto me había librado un poco del estado etílico y del furor de las tachas… Caminé sin rumbo fijo hasta que encontré (con cierta sorpresa), en medio del asfalto, a un noble y bello equino; lo monté (parecía como si aguardara sólo para eso)… el fino animal, sin instrucción alguna me llevó hasta mi hogar…

…Busqué entre mi ropa pero no encontré las llaves para abrir la puerta. Toque varias veces el timbre sin recibir respuesta alguna… De pronto recordé que hacia días me había marchado de allí por haber tenido una fuerte discusión con mi esposa. Así que me dirigí hacia la ventana, rompí el vidrio y salté al interior. Estaba en silencio total. Parecía no haber nadie, busqué por varias estancias de la casa. Salí de la habitación principal y fui directo a la cocina. Tome una silla, me senté y me apoye exhausto en la mesa. En ese instante mi corazón se disparó; había manchas de sangre en el mantel. Estas se extendían por todo el piso hasta llegar a las escaleras que conducían al ático. Intrigado y con temor me dirigí hacia allá…, lo que vi me horrorizo: ahí yacía inerte mi esposa, vestida con su traje negro de gala, el cabello le caía por el pálido rostro, tenía la mirada pérdida y las muñecas desangradas.

En el piso brillaba tentadora y letal una navaja vestida de púrpura… la puerta del ático se cerró. No estaba tan oscuro, pero me asuste y empecé a sentir un inmenso temor. Me encontraba tan alterado, tan confundido que como un niño me puse a llorar. En medio de mi llanto, dolor e impotencia… un leve y agudo susurro retumbó por mi vacía psique. Provenía de mi garganta que llamaba suplicante al filo de la tentación terminar con esta pesadilla… sentí escalofrió, mi alma tembló a la par que mi mano cuando tomé aquella hoja afilada…

lunes, 23 de febrero de 2009

Apodíctico

Abrí los ojos sobresaltado, un ruido extraño me hizo despertar. Me rodeaba una oscuridad total. Al levantarme en forma súbita y alocada, me golpeé la cabeza. Me acordé que estaba en el interior de una fétida caja de madera.

Saber que estaba dentro de un ataúd y que me habían enterrado vivo, me afligía alterando mis nervios. Pero mantuve la calma hasta que otra vez escuché eso ruidos raros. Agudicé mi oído para descubrir que esos desesperantes y extraños chasquidos provenían del exterior y se expandían por los costados del féretro.

El ruido raro aumentaba a la par del aire consumiéndose, creando en mí una sensación de angustia. Con el efecto de asfixia y terror que me provocaba esa situación, perdí el control y comencé a golpear la maldita urna. Cada vez con más fuerza, seguí golpeando hasta sangrar mis manos para tratar de salir de ahí. Uno de mis codos alcanzó a dar fuerte impacto al costado de la caja y la madera crujió, esparciendo un sonido de rotura a través de aquel ambiente tétrico.

Un silencio de muerte invadió aquel sarcófago. Aunque no por mucho tiempo, ya que enseguida se escuchó un zumbido torpe como de un insecto. El horror se apodero de mi cuando sentí en mi rostro unas patas largas y peludas. En medio de esa densa oscuridad lancé un manotazo para retirar de mi cara ese insecto del que siempre imagine que llegaría. Enseguida el sonido de zumbidos de alas allano aquel pequeño espacio mortuorio. Sentí caer encima cientos de coleópteros que de inmediato recorrían por todo mi cuerpo. Nunca imaginé que arribarían en gran cantidad. Mi terror se acrecentó cuando comencé a sentir que pellizcaban y mordían mi piel haciéndome gemir de dolor y locura… tiempo después desfallecí hasta perder el conocimiento.

Cuando recuperé el sentido, me encontraba fuera de la tumba; lleno de tierra y con múltiples y dolorosas heridas. Miré a mí alrededor a varios de mis colegas entomólogos, quienes se disculpaban por haber tardado tanto en sacarme de la fosa y diciendo a la vez: “nunca pensamos que los escarabajos necrófagos fueran los primeros en llegar, pensamos que el olor a putrefacción era lo que los atraía; y que sólo se alimentaban de restos de cadáveres. Ahora sabemos que lo único que les importa es saciar su incontrolable apetito carnívoro. Llegamos, así, a la conclusión de que efectivamente tu teoría es acertada y por lo tanto aceptada”.