sábado, 21 de noviembre de 2009


Vísperas de 2012

A la entrada del paraíso, junto a un enorme y polvoriento portal. El apóstol Pedro discutía con el primer hombre sobre la faz de la tierra.

–¿Adónde cree que va, padre Adán? –le dijo Pedro con voz firme–. Sabe bien que no puede entrar aquí.

–Quiero hablar con el creador –contestó Adán–. Ya me cansé de ser un errante y ansió regresar a la gran Mesopotamia.

–Eso no puede ser –replicó Pedro–. Hace cerca de dos mil años que se fue y nadie sabe nada de él. Ahora está al mando del reino un clon suyo llamado Jesús.

–Pues entonces hazme pasar con el tal Jesús –le dijo Adán con arrogancia.

Respondió molesto Pedro. –Tampoco puede ser posible. Está ocupado preparándose para el juicio final. Es hora de juzgar a vivos y muertos. A todos aquellos que desobedecieron las divinas leyes los llevarán a una región etérica, donde serán consumidos por el eterno fuego de la justicia. Y usted, estimado progenitor, está en esa lista –concluyó el apóstol.

4 comentarios:

Miel dijo...

Hola! Gracias por la visita :)

Me han llamado mucho la atención tus relatos, de alguna manera consiguieron atraparme.

Saludos y por acá andaré.

Javier Alfaro Martínez dijo...

Miel, pues bienvenida! Me alegra que te hayan agradado mis cuentos. Gracias por tu comentario, te mando un gran abrazo.

El merodeador mañanero dijo...

Quien no se halle escrito en el libro de la vida será lanzado al lago de fuego y azufre, así lo dicta la dotrina del juicio final en el cristianismo.

¡Ojala y estemos inscritos en el libro!

Muy buen relato, para estos tiempos.

Karla Preciado dijo...

Me gusta la forma en la que Pedro se dirige a Adán... Como cuando a veces se le habla a un ancianito en tono concesivo.