lunes, 23 de febrero de 2009

Apodíctico

Abrí los ojos sobresaltado, un ruido extraño me hizo despertar. Me rodeaba una oscuridad total. Al levantarme en forma súbita y alocada, me golpeé la cabeza. Me acordé que estaba en el interior de una fétida caja de madera.

Saber que estaba dentro de un ataúd y que me habían enterrado vivo, me afligía alterando mis nervios. Pero mantuve la calma hasta que otra vez escuché eso ruidos raros. Agudicé mi oído para descubrir que esos desesperantes y extraños chasquidos provenían del exterior y se expandían por los costados del féretro.

El ruido raro aumentaba a la par del aire consumiéndose, creando en mí una sensación de angustia. Con el efecto de asfixia y terror que me provocaba esa situación, perdí el control y comencé a golpear la maldita urna. Cada vez con más fuerza, seguí golpeando hasta sangrar mis manos para tratar de salir de ahí. Uno de mis codos alcanzó a dar fuerte impacto al costado de la caja y la madera crujió, esparciendo un sonido de rotura a través de aquel ambiente tétrico.

Un silencio de muerte invadió aquel sarcófago. Aunque no por mucho tiempo, ya que enseguida se escuchó un zumbido torpe como de un insecto. El horror se apodero de mi cuando sentí en mi rostro unas patas largas y peludas. En medio de esa densa oscuridad lancé un manotazo para retirar de mi cara ese insecto del que siempre imagine que llegaría. Enseguida el sonido de zumbidos de alas allano aquel pequeño espacio mortuorio. Sentí caer encima cientos de coleópteros que de inmediato recorrían por todo mi cuerpo. Nunca imaginé que arribarían en gran cantidad. Mi terror se acrecentó cuando comencé a sentir que pellizcaban y mordían mi piel haciéndome gemir de dolor y locura… tiempo después desfallecí hasta perder el conocimiento.

Cuando recuperé el sentido, me encontraba fuera de la tumba; lleno de tierra y con múltiples y dolorosas heridas. Miré a mí alrededor a varios de mis colegas entomólogos, quienes se disculpaban por haber tardado tanto en sacarme de la fosa y diciendo a la vez: “nunca pensamos que los escarabajos necrófagos fueran los primeros en llegar, pensamos que el olor a putrefacción era lo que los atraía; y que sólo se alimentaban de restos de cadáveres. Ahora sabemos que lo único que les importa es saciar su incontrolable apetito carnívoro. Llegamos, así, a la conclusión de que efectivamente tu teoría es acertada y por lo tanto aceptada”.

8 comentarios:

Rubén Martínez dijo...

Buenos cuentos, primo.

No pense que tuvieras esa facultad de escribir.

Seguiré visintando tu blog, asi que escribe muchos cuentos.

"Felicidades"

Anónimo dijo...

Yo no soy primo, pero me gustan los cuentos. Aterrador y científicamente correcto. Seguiré visitándote. Un abrazo.

Alejandro Ramírez dijo...

Se me fue ese comentario, que pena. No lo alcancé a firmar.

Neurobeat dijo...

Yo tampoco soy primo; pero estoy de acuerdo con Alejandro Ramírez: "un cuento aterrador y científicamente correcto".

Sin embargo, creo que ya hace falta algo más. El blog no se actualiza desde el 23 de Febrero.

Saludos.

Javier Alfaro Martínez dijo...

Gracias por los comentarios.

Por problemas de salud olvide un poco el blog, pero prometo actualizarlo pronto.

Maru Luarca dijo...

La más terrible de mis pesadillas, bien escrita y mejor descrita. Vendré a menudo.

Habitaciones rojas, pensamientos negros dijo...

Genial ironía a la propuesta de Popper!!! Por poco te matan para hacer la prueba empírica...

Gracias por pasarte por mi blog. Nos seguimos leyendo y comentando.

Besos rojos,
HR.

Anónimo dijo...

Me gusta tu propuesta pero no se ha actualizado el blog espero que no se vuelva una pagina de culto