viernes, 2 de octubre de 2009

La danza
Cansado de convivir con este mundo extraño, acelerado, intolerante y lleno de tensión. Donde todos juzgan y critican sin mirar el espejo de la autocritica. Decidí moverme a mi ritmo y a mi tiempo de tal manera que mande todas mis preocupaciones y ocupaciones a la porra. Me recosté a la sombra de un árbol y me relajé bajo el embrujo de unas delgadas hojas metálicas a tal grado que me quede dormido.

Desperté desnudo, mi cuerpo estaba entumecido por el frio. Abrí los ojos en medio de una densa oscuridad, sentí que alguien me miraba desde algún lado. Mi mente inquieta comenzó a recordarme miedos de mi infancia. De repente sentí que alguien se acercaba a mí, un escalofrió recorrió mi espalda. Mis piernas comenzaron a moverse, una sensación de que me seguían y que pronto me darían alcance me produjo un terror indescifrable. Corrí de manera vertiginosa para alejarme de ahí hasta que estuve demasiado agotado, cansado hasta la extenuación que me deje caer sobre el piso. Después de luchar infructuosamente contra la inconsciencia, me llevo preso a un mundo de somnolencia.

Cuando desperté de nuevo estaba recostado pero ahora sobre un liquido viscoso y demasiado pegajoso. Noté un amargo sabor en mi garganta, seguida de una extraña ligereza en mi cuerpo. Quise incorporarme: mis piernas y en general ninguna parte de mi cuerpo me respondía.

Una suave luz apareció de la nada, pronto se expandió de tal manera que cubrió todo el velo negro que antes me arropaba. De entre ese esplendor aparecieron bailando unas siluetas esqueléticas y deformes. De pronto una figura femenina apareció y se fue acercando a mí. Aunque no lograba visualizarla con nitidez, de alguna manera sabia de quien se trataba. Ella se detuvo, el tiempo lo hizo también. Sus labios besaron los míos y una sensación inexplicable atravieso mi alma. En seguida me retorcí de dolor, mi cuerpo comienzo a deformarse hasta alcanzar la misma forma de aquellos seres que bailaban.

Me puse de pie, ahora sin esfuerzo alguno. Me uní a su danza mortuoria, después de todo… ¿Quién juzgaría ahora mi estilo y forma de vida?, ¿Quién?

5 comentarios:

Javier Ortiz dijo...

Un relato oscuro. Ahora el personaje, dentro de su nuevo estado, podrá vivir exento de prejuicios.

Buena historia; sin embargo, vuelvo a recalcar: hace falta pulir tan sólo un poco el estilo. El talento está presente.

Saludos.

Un saxofonista en mi salón azul dijo...

Me ha gustado la visión tras el beso. Pasé por aquí, leí y te dejo mi saludo y un beso.
LADY JONES

El merodeador mañanero dijo...

Hola, Javier.

Me llamo Horacio y soy profesor de filosofía en Argentina.
Mi pasatiempo favorito es visitar espacios con un contenido literario; sin importar sin son principiantes o profesionales, siempre y cuando me dejen un sabor exquisito como lector.
En cuanto a tus cuentos me parecen buenos, me gustan. Aunque estoy de acuerdo con tu tocayo: a varios relatos le falta trabajarlos un poco más (Lo que es elemental y que debes de aprender, es el trabajo constante de corrección. Leer, releer y mejorar lo que escribes es básico para obtener un texto pulido).
Calidad y talento tienes, ya que hay unos cuentos que me impresionaron por la plenitud y madurez literaria que alcanzaste en ellos. Este me gusto por la forma creativa y oscura en que manejaste el suicidio

Saludos, seguiré visitándote!

Javier Alfaro Martínez dijo...

Javier y Horario; Muchas gracias por sus recomendaciones y comentarios!

Lady Jones, que bueno que te gusto. Gracias por tu visita y comentario.

Saludos!

Karla Preciado dijo...

Buen relato, y sí, al igual que Javier Ortiz creo que el talento ahí está... quizá sólo sea cosa de eliminar algunas rimas involuntarias dentro de la prosa. Un abrazo y gracias por pasarte por mi blog... me gusta Simón de Beauvoir.